Vivienda sustentable: comunidad y conectividad ganan relevancia

Por: Rebeca Romero

La vivienda sustentable enfrenta el reto de atender la expansión urbana y reducir los efectos de desarrollos cada vez más alejados de los centros de empleo

La sustentabilidad de una vivienda ya no depende únicamente de cuánto consume de agua o energía. Para que un desarrollo pueda mantenerse en el tiempo, también debe considerar su ubicación, la conexión con el transporte y los servicios, así como su capacidad para responder a fenómenos climáticos.

Esta visión comienza a modificar los criterios con los que el sector evalúa los nuevos proyectos habitacionales. Jorge López de Obeso, representante de Urban Land Institute (ULI) México, señaló que la construcción de comunidad ocupa un lugar central en este proceso.

“La mayor innovación es la construcción de comunidad”, afirmó.

Para el especialista, una comunidad requiere la combinación de distintos elementos, entre ellos sustentabilidad, resiliencia, financiamiento verde y acceso al transporte masivo. Así, la eficiencia de una vivienda representa sólo una parte de la ecuación, mientras que su relación con el entorno determina qué tan funcional puede resultar para sus habitantes.

Vivienda y ciudad, una relación pendiente

El reto cobra relevancia ante el crecimiento expansivo de las ciudades mexicanas. De acuerdo con el estudio Centrar el Futuro, del Tecnológico de Monterrey, durante los últimos 30 años 2.5 millones de personas dejaron de vivir en las zonas centrales y la distancia promedio entre la población y el centro de las ciudades aumentó 28 por ciento.

Alberto Meouchi, especialista del Centro para el Futuro de las Ciudades, señaló que este patrón urbano ha alejado principalmente a jóvenes y personas de menores ingresos de empleos, hospitales, parques, transporte y otros servicios.

Ante este escenario, el especialista plantea fortalecer subcentros urbanos en los que puedan convivir vivienda, empleo, comercio y equipamiento, de acuerdo con las necesidades de cada ciudad.

Para el sector inmobiliario, esto implica ampliar la planeación de los proyectos más allá de los límites del predio. Las desarrolladoras pueden integrar vivienda con espacios públicos, servicios y conectividad, elementos que inciden directamente en la forma en que una comunidad se desarrolla después de la entrega de las viviendas. 

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Vinte lleva la sustentabilidad más allá de la vivienda

Grupo Vinte ha incorporado algunos de estos elementos en sus desarrollos. La empresa combina la certificación ambiental de sus viviendas con medidas enfocadas en materiales de construcción, espacios comunitarios y conectividad.

Al cierre de 2025, el grupo acumulaba más de 26,000 viviendas certificadas bajo el estándar EDGE, con ahorros promedio de 36.5% en energía, 41.1% en agua y 62% en materiales.

La estrategia también alcanza la construcción. Durante 2025, Grupo Vinte utilizó 156,000 metros cúbicos de concreto Vertua de menor huella de carbono, equivalente a 88% de su consumo total, y reportó una reducción de 20,423 toneladas de CO₂ asociadas al uso de este material. Además, empleó 4,324 toneladas de acero bajo en carbono, 59% de su consumo total.

Sin embargo, el caso de Vinte también permite observar el componente urbano de esta estrategia. Vistas del Parque, desarrollado por Javer, empresa que forma parte del grupo, forma parte de un proyecto de Desarrollo Orientado al Transporte (TOD) en Guadalajara y fue analizado por ULI México por su impacto en la relación entre vivienda y movilidad.

Ese tipo de proyectos muestra que la sustentabilidad no termina con la eficiencia de una vivienda. También involucra la posibilidad de que sus habitantes tengan acceso a transporte, servicios y espacios que permitan desarrollar una comunidad alrededor del conjunto habitacional.

López de Obeso señaló que el objetivo es que este tipo de experiencias puedan replicarse en otros proyectos.

“Si bien es excepcional, lo que queremos es que deje de serlo, que sea ejemplar y que otros puedan tomar la misma iniciativa”.

Para el sector vivienda, el desafío consiste ahora en trasladar estos criterios a una mayor cantidad de desarrollos. La discusión ya no se concentra únicamente en construir  casas con menor consumo de recursos, sino en cómo esas viviendas se conectan con la ciudad y qué condiciones generan para que las comunidades puedan permanecer en ellas

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